| QUEENSRYCHE LUGAR:
La Riviera
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Embarcados en la publicación de un doble álbum de grandes éxitos, la banda de Seattle llevó a cabo una mini-gira europea de promoción de “The best of Queensrÿche: Sign of the times”, interrumpiendo así el anterior y teatral tour que venía realizando sobre la base de “Operation mindcrime” (primera y segunda parte) sobre el que han editado un directo, “Mindcrime: Live at the Moore”, lanzado al mercado en fechas recientes.
Lo peor de esta historia es que Queensrÿche vinieron a Madrid como si estuvieran de vacaciones, con lo puesto y sin equipo, en una fecha un tanto rara, mediados de agosto, con buena parte de la parroquia fuera de la ciudad por razones obvias. Aún así la entrada fue buena, rozando los tres cuartos de aforo. Los escasos efectos (un triste amplificador Marshall ¡y otro vuelto del revés! que llevaban sobre las tablas) los alquilaron, circunstancia que vino a unirse a la impericia del técnico de sonido que le tocó lidiar ese día. Con tan escaso bagaje de monitores, sólo se le ocurrió subir al máximo los amplificadores externos de sala, con lo que el resultado se puede imaginar, saturaban hasta hacerse insoportables, más en una banda con tanto barroquismo, con tantas partes orquestales, samplers y cambios de ritmo, como son los norteamericanos. Ya sin el genial Chris de Garmo en sus filas, pierden a su gran timonel a las seis cuerdas, remplazado por un correcto pero insulso Mike Stone. Sin embargo, Geoff Tate volvió por sus fueros una vez más. Esta garganta prodigiosa se vio secundada por la excelente labor de Michael Wilton a lomos de una ESP de producción exclusiva y Eddie Jackson al bajo, junto con la impresionante pegada de Scott Rockenfield a la batería (tremendo, muy estilista a la vez).
El repertorio fue correcto, si bien se dejaron en el tintero algunas piezas emblemáticas como “Queen of the Reich”, “Revolution calling”, “Operation mindcrime” o “I will remember”. Desde las primeras tonadas: “The whisper”, “Damaged” o la incisiva “Speak”, se apreció con nitidez que el pésimo sonido iba a fastidiarnos el encuentro. Sonaban como si de un triste combo de Power-Metal se tratase, que es lo peor que puede decirse de un grupo que atesora tanta elegancia. La rabiosa “I’m american” junto con las sinuosas “NM 156” y “Screaming in digital” continuaron trasiego antes de llegar a un ecuador atmosférico con las baladas “Brigde” y “The lady wore black”, más “Right side of my mind” y “One foot in hell” para echar el cierre al son de sus elepés más emblemáticos con las maravillosas “Another rainy night”, “The needle lies”, “Eyes of stranger”, “Empire” y “Silent lucidity”. Y en los bises, Geoff Tate nos invitó a mantener viva la llama del Rock y a vivir, en definitiva, “porque el tiempo pasa muy rápido, esa es la única verdad, cuando te quieres dar cuenta ya se ha desvanecido...” afirmó mientras daba paso a los dos últimos trallazos de la noche: “Walk in the shadow” y “Take hold the flame”. La falta de equipo impidió apreciar la belleza en su máximo esplendor, toda la profundidad y sutileza de los requiebros progresivos y ecos sinfónicos de una de las bandas imprescindibles del Rock de todos los tiempos. Texto y fotos: Fran Llorente
© Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Septiembre 2007
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