| Festival FESTIMAD SUR CIUDAD:
Fuenlabrada (Madrid)
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| VIERNES.-
Nuestro
especialista en Festimad,
conocido mundialmente por Galko, se nos pone malito el viernes por la
tarde y, tras su llamada, me doy toda la prisa posible para cubrir lo
que sea, lo que pueda, de esta primera jornada. Teniendo en cuenta lo
lento que soy arreglándome el flequillo, que cojo metro hasta Atocha,
luego tren de cercanías hasta Fuenlabrada y, finalmente, autobús
gratuito puesto por la organización hasta el Parque de La Cantueña
(ya que fumo mucho, no contamino conduciendo), cuando llego está
empezando Nightwish en uno de los escenarios principales y Mastodon en
la Carpa. Menos mal que nuestro compañero de redacción Juan
José Díez llevaba allí desde primera
hora de la tarde cubriendo el evento para su web maxmetal.net
y permite que extracte su impresión general, la cual viene a continuación:
Nightwish Hasta aquí las impresiones de nuestro camarada de oficio. Me toca ahora, que ya he llegado al recinto. Por cierto, mucho peor que el de Móstoles. Hemos perdido lo verde, el abrazo de la vegetación, la familiaridad con la que, año tras año, paseábamos por El Soto; el Parque de la Cantueña ni tiene arboleda ni es jardín o dehesa maravillosa, es un puto parque industrial con cuatro arbustos y mucha tierra, o sea, casi tan desolador y fastidioso como el recinto del Viña Rock. Cometo el error de no ver a Mastodon, ya que me comentaron que estuvieron grandiosos, para intentar (por última vez, lo juro) que Nightwish me convenciesen. Pues nada, que no hay manera; una tía cantando en plan operístico todo el tiempo sigue sin llamarme la atención aunque esté más delgada (total, no enseña ni la rodilla). Sólo hay que agradecerle, al contrario que a Slayer, que saludase con un “buenas noches Madrid, ¿cómo están ustedes?” al más puro estilo ‘Los payasos de la tele’. Los temas de esta formación no tienen gancho para mí y sólo cuando el bajista Marco Hietala canta alguna estrofa, los temas cogen algo de fuerza y eso, por desgracia, es en ocasiones contadas.
Tom Araya, de Slayer Sabía que Slayer (pronúnciese ‘esleia’ o algo parecido) no me iba a decepcionar, siempre que vas a ver al grupo sabes que recibirás puñetazo tras golpe en la cara y lo único que te queda es mover la cabeza como un poseso para que no te alcancen en el mismo sitio... y tan felices, ¡cómo nos gusta! Slayer sigue siendo la referencia del Thrash sin buscar viajes raros hacia otros estilos: Rápidos, apabullantes, demoledores... ¡Por muchos años con un par de cojones! El concierto del día para un servidor. Sólo una pega: Tom Araya nació en Valparaíso (Chile) y su verdadero nombre es Tomás; Araya es su segundo apellido y, en medio (aunque no lo recuerdo exactamente) va un segundo nombre tipo ‘Manuel’ y el primer apellido es muy común y castellano como, por ejemplo (la memoria me sigue fallando), ‘González’ o ‘Rodríguez’. Entonces, y a lo que voy, ¿por qué no nos habla durante todo el concierto en nuestro idioma?
Estirpe, junto a Juan José Díez Lo presumía: Va a ser un coñazo. Me refiero al concierto de Marilyn Manson. Nunca me gustó, yo no he ido de auténtico en ningún momento diciendo que “Portrait of an american family” era un gran disco y que luego se fue estropeando; no, nunca me gustó... y en directo tampoco. Para el espectáculo que podía dar por su estatus de megaestrella, se queda soso (ya veréis con Mötley Crüe lo que es espectáculo con mayúsculas), la banda que le acompaña no es nada del otro mundo, Manson –que pide Doritos para su catering- es más showman que cantante y podría ocupar líneas y líneas escribiendo sobre cojeras de este invento. Mucha versión adaptada a su rollo y poca chicha de la buena. Todo mentira desde el nombre: Ni el encanto seductor de Marilyn (sólo hubo y habrá una) ni la agresividad irrefrenable de Manson (Charles). A mitad del concierto, servidor ya estaba en la barra de la prensa e invitados (un detalle que siempre hay que agradecer a la organización de Festimad) compartiendo whisky y conversación con, por ejemplo, Tótem –guitarrista de Silikosis y Gyob-, Pi -batería de Opium Relax-, Roberto Villandiego y otros compañeros de prensa. Es la dura vida del periodista de Rock. También me crucé con los músicos de Estirpe a los que, por desgracia, ni unos ni otros vimos actuar en esta ocasión, pero que se mostraban orgullosos y contentos por la descarga –y el seguimiento por parte del publico- que, a primera hora de la tarde, habían llevado a cabo. En el comentario de D.Gallardo sobre la jornada del sábado que sigue a éste (me lo he leído), no menciona a Opium Relax, que tocaron ese día; aunque no los vi os puedo asegurar que los chicos de Parla estuvieron... ¡brutales! Por último, que no se malinterprete toda esta desazón que rebosa en mi artículo. Quiero dar un diez a la organización por el cartel contratado. No olvidemos que es un lujo ver en nuestra Comunidad Autónoma un festival plagado de grupos de auténtico Metal y Rock & Roll fuerte y cañero. Seguid por ese camino y no fallaremos (con ‘o’ también). La culpa fue de Álex. ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ SÁBADO.-
Ante semejante panorama, la Carpa fue el escenario más concurrido durante la tarde. Por allí pasaron NdNo, quienes ofrecieron un concierto apabullante (¡madre mía, cómo sonaron todos los grupos en la dichosa Carpa... como un tiro!). Otro que se aprovechó de la incisiva acústica de este recinto fueron Elecktra, que sonaron aún más alto, más fuerte, más duros que sus predecesores. Toda una delicia para los amantes del dolor de tímpanos. De hecho, muchos prefirieron escucharles desde el exterior de la carpa a pesar de no poder verles. Cuando el viento no se llevaba el sonido allá donde le daba la gana, así se ganaba en nitidez. Las últimas horas de la tarde en los escenarios principales estaban reservadas para grupos de Stoner Rock. Los primeros, Clutch, ofrecieron un interesante show, en el que, como es habitual en este estilo, predominaron los ritmos pesados y las guitarras pétreas (si es Stoner, tiene que haber piedras por algún lado... y luego las hubo, ciertamente). Tras ellos, Hermano, siguiendo ahondando en la misma línea. Fu-Manchú eran los encargados de dejarlo preparado todo para la sucesión de los cabezas de cartel. Pero, de repente, dejaron de sonar cuando apenas llevaban un puñado de canciones. A partir de ahí, desconcierto total. Rumores, rumores y más rumores. En un primer momento la gente se lo toma a guasa y opta por aprovechar el parón para cenar algo, beber más o incluso (los menos) descansar. El tiempo sigue pasando y una hora y media después un portavoz de la organización explica que el viento ha provocado problemas en la estructura de uno de los escenarios principales, pero asegura que los grupos van a tocar una vez todo se solucione. La gente, como es lógico, se lo cree. Pero, mientras tanto, en la zona de backstage el nerviosismo es palpable. La gente de la organización explica a la prensa lo que ocurre y los fotógrafos se alinean al lado del foso del escenario, preparados para fotografiar a los miembros de Incubus. El hecho de que se repartieran botellas de agua para los periodistas al mismo tiempo, hacía presagiar que aún quedaba más tiempo del que habían reconocido para que el festival se reanudara. Los fotógrafos se cansaron de esperar. Tras más de tres horas de espera el público comienza a gritar contra la organización y comienzan los primeros escarceos vandálicos. Botellas que vuelan por los aires, insultos contra la tribuna de prensa, pedradas contra dos coches de exposición que se encontraban a ambos lados del escenario... y carpas, casetas y barras de bar arrasadas. El personal de la organización estuvo totalmente desaparecido durante este intervalo de tiempo, de modo que los asistentes pudieron dar rienda suelta a su indignación sin preocuparse de las consecuencias. Suerte que, de repente, Incubus saltaron a escena. Cuatro horas habían transcurrido ya, durante las cuales los 20.000 asistentes no tuvieron en ningún momento certeza de que el espectáculo fuera a continuar. Mucha gente que había pagado religiosamente su entrada se marchó del lugar resignada y con cierto miedo a que los incidentes fueran a más. Sin embargo, cuando finalmente Incubus aparecieron en el escenario, en torno a las dos de la madrugada, los ánimos se apaciguaron. Una actitud muy valiente, por cierto, la de la banda norteamericana. Musicalmente, cumplieron con su papelón con bastante acierto. Su concierto no se extendió mucho más de una hora de duración y tal vez estuvo algo falto de fuerza, pero hicieron un compacto repaso a su discografía más reciente y sonaron muy correctamente. Definitivamente la música amansa a las fieras. O no, porque el público no se olvidó del retraso y siguió apedreando los vehículos de promoción que había al lado del escenario. Para cuando saltaron a escena System Of A Down, el delirio se apoderó de los allí reunidos, que tenían ganas de caña bruta e inapelable. Eso son estos muchachos, quienes ofrecieron 90 minutos de show con un sonido excelente, que sirvió para presentar su nuevo trabajo, “Mezmerize”, si bien hicieron un completo repaso a “Toxicity”, su obra maestra hasta la fecha, así como a su álbum debut. A pesar de que no fue una actuación muy larga, les sobró tiempo para demostrar que, hoy por hoy, están en estado de gracia y son una de las formaciones más importantes del panorama internacional. Para cuando Prodigy tomaron la escena, ya más cerca del amanecer que de otro momento, el recinto era una mala fotocopia de lo que había sido en sus primeras horas. Un áspero tufillo a anarquía se olía en el ambiente. Aún así, todavía había quien pedía las pulseras a los que salían para poder adentrarse. No será por ganas de pasarlo bien, desde luego. Un aspecto que sí fue positivo y que sería bueno reconocerle a la organización fue el referido al transporte de los asistentes al festival. Los autobuses gratuitos desde Fuenlabrada funcionaron perfectamente tanto a la ida como a la vuelta. En cualquier caso, la sensación más repetida por la gran mayoría de los asistentes fue la añoranza al Parque de El Soto de Móstoles, un lugar casi idílico para celebrar este festival y de difícil sustitución, como pudo comprobarse en el Parque de La Cantueña. Seguro que la gente de Festimad toma buena nota para agradar a todos en futuras ediciones, como siempre. Fotos: Juan José Díez
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Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Julio 2005 |
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