| DIO
/+/+/+/+/
/ + CIUDAD:
Madrid
|
||||
| Excelente cartel para una de las primeras tardes del verano. La Riviera casi se llenó y en el ambiente flotaba la sensación de que por un combinado así bien vale pagar una entrada a gusto. La actuación de Anthrax fue mágica. Al igual que en su concierto de 1989 en el Rockódromo dentro del festival Monsters of Rock, los neoyorkinos salieron a tocar cuando la luz del día entraba por la parte descubierta de la discoteca. Faltaba el polvo de aquel día, pero enfrente estaba la misma banda de cachondos irredentos. Scott Ian cedió parte de su protagonismo a Joey Belladonna, un tipo al que uno se imagina fumando porros todo el día sobre un banco de Central Park. Charlie Benante y Frank Bello respondieron literalmente igual que en las grandes giras de finales de los ochenta. El tiempo sólo parecía haber pasado por el pelo del diminuto Dan Spitz. El concierto resultó un completísimo "grandes éxitos". El inicio con "Among the living" fue apoteósico y abrió un set de canciones que funcionó como un laberinto de dominó en el que todas las fichas caen a su debido tiempo. Con "I'm the man" dejaron claro quién inventó la mezcla entre Hip-Hop y Metal diez años antes de que ésta se pusiera de moda y hasta recordaron su primer LP, aquel 'Fistful of metal' cantado por Neil Turbin. La fiesta también incluyó esas dos versiones que superan a los originales: "Antisocial" -de los franceses Trust- y "Got the time" -de Joe Jackson-. Echamos en falta el penacho de plumas sobre la cabeza de Belladonna en "Indians", pero se lo perdonamos porque sólo una banda como ésta es capaz de salir indemne de la psicosis americana tras el 11-S, cuando a algunos idiotas les dio por rellenar sobres con una sustancia llamada... ¡ántrax! Tras la agitación de primera hora, disfrutar de Dio fue todo un acierto. Gastadas las energías juveniles, un telón con la portada del 'Holy Diver' nos traía de nuevo a España al maestro de los cuernos. Un concierto de Dio siempre descansa sobre tres pilares: las canciones de sus tres primeros discos en solitario, las versiones de los grandes grupos que le han tenido como cantante y un último capítulo con su producción más reciente (en este caso sólo 'Shivers', del álbum 'Master of the moon'). El cuarto pilar lo constituye la banda que le acompaña en cada momento. Y la de ahora, integrada por el guitarrista Craig Goldy, el bajista Rudy Sarzo, el batería Simon Wright y el teclista Scott Warren, cuenta con algunos de los instrumentistas que mejor se adaptan al estilo clasicista de este pintor de cámara que es Ronnie James. En el siglo XVIII, el clasicismo fue un movimiento artístico que recuperó las esencias de la pintura de Rafael y Miguel Ángel. Sus superficies pulidas, su preciosismo y la compensación de volúmenes confirieron a sus obras un refinamiento similar al de sus maestros. Los clasicistas compensaban perfectamente los volúmenes y realzaban sus dibujos para que se percibieran con claridad aquellos detalles que más les interesaban. Dio hace lo mismo con su música, sacándola de su contexto para convertirla en una obra de arte. Sin embargo, el veterano maestro tiene que renovar sus armas. El repertorio de la velada fue similar al de siempre, lo que maravilla a su público más fiel y desespera a quienes pretendemos escuchar algo distinto cada vez que le vemos. Comenzó con 'Killing the dragon', sorprendió con la inclusión de 'Egypt (the chains are on) y 'Gates of Babylon', y terminó precipitadamente con 'Rainbow in the dark', tras hora y media de actuación y un conato de bis que no llegó a tal. Los malditos horarios, una vez más, determinaron que la cúspide del concierto se quedara en un campamento base al que le faltó coronar la cumbre. 'Dio. The Voice of Rock forever', así rezaba la pancarta que le lanzaron desde el foso. Él lo sabe y disfruta con un estatus que se ha ganado a pulso. Hay serenidad y dominio en su voz, templanza y sabiduría en los cambios de tono, y calidez y simpatía en el trato con el público. La constante actividad de Dio en directo justifica la inclusión de varios solos de sus músicos, pero si por nosotros fuera prescindiríamos de lo instrumental para dar oportunidad a algunas de tantas canciones de sus más de treinta años de carrera. Leonardo
Cebrián Sanz |
||||
| ©
Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Julio 2005 |
||||