JACK DANIEL'S BACKSTAGE

 

 

La segunda edición del concurso JACK DANIEL’S BACKSTAGE tuvo como ganador en España al grupo malagueño de Pop-Rock COSA MALA. El premio consistía en un viaje al estado de Tennessee (EE.UU.) para, entre otros menesteres, actuar en su capital Nashville junto a los vencedores de cuatro países europeos más. Pero no emprenderían su vuelo solos, varios periodistas españoles les acompañamos para relatar sus andanzas y cuatro días cargados de música… y Jack Daniel’s, todo sea dicho.

 

Por Jon Marin

 

 

El jueves 12 de abril, temprano, despegábamos del aeropuerto de Barajas y, tras una escala en Atlanta con aterrizaje de película por parte de una pilota entrada en edad –como las azafatas-, cogemos otro pequeño avión, éste con mejor servicio nativo de Río de Janeiro, que nos soltaría en Nashville, en la profunda Norteamérica. Dos primeros objetivos: La búsqueda de la zona de fumadores en los aeropuertos y el intento de disimular un logotipo de Cosa Mala en una camiseta que, con chaqueta encima, sólo dejaba leer “Osama”. La organización de Jack Daniel’s, impecable, nos esperaba en el hotel Sheraton con un cóctel de bienvenida, todo tipo de regalos y agasajos (véase en las fotos la calidad de las azafatas que guardaban por el bienestar de los viajeros). Una cena bien temprana, como todas las comidas allí, discursos por parte de los organizadores y… ¡a probar el rico elixir que organizaba todo este sarao! Por cierto, más de uno se caerá de la silla, pero atentos: El Jack Daniel’s no es un bourbon (originario de Kentucky) sino un güisqui con denominación de origen al que hay que llamar exactamente “Tennessee whiskey”. Entrad en la web de la marca y os lo explican con todo detalle (Jackdaniels.com).

En total, viajamos treinta y tres españoles (bueno, mis amigos de Navarra dirán que treinta y uno más dos del Basque Country). A saber: Los músicos de la banda ganadora, los juntaletras y fotógrafos –alguno insistía en que la selección fue hecha a partir de fichas policiales-, representantes del Tennessee whiskey -insistiendo que es gerundio-, otros de la organización y algunos afortunados ganadores de otro concurso que se realizó para consumidores de Jack D. Todas las noches nos tenían preparado un concierto, si no dos o tres…, y cada uno de ellos en una sala diferente.

La del estreno tocó en el City Hall, una sala para 1.500 personas donde, por ejemplo, en mayo van a tocar Statix-X o Deftones; esta velada el concierto corrió a cargo de Spoon, una banda de Tejas, de rollo Indie, cuyo último disco es “Gimme fiction”, que no acabó de convencerme. Todas las canciones parecían enfocar a algo bueno pero nunca acababan de arrancar. ¡Menos mal que los de este lado del mundo sabemos convertir cualquier cosa en algo divertido y más si la bebida del Tío Jack no falta!, que se lo pregunten a los problemáticos ‘130’ y ‘132’ (es que estábamos todos numerados), si bien el de en medio tampoco se quedaba corto, que aguantaron haciendo amistades hasta que los echaron del club. ¿Última opción? Se monta la fiesta en el bar del hotel, que el Jack es gratis. ¿Quién dijo ‘yet-lan’?, ¿eso qué es? Ya empezamos a dar la nota, y eso que la ‘droja’ no se encuentra aquí ni en el Cola-Cao.

El viernes 13 tocaba viajar al pequeño pueblo de Lynchburg (361 habitantes incluyendo al sheriff, al que vimos) en cuyo condado está la destilería de Jack Daniel’s desde 1866, la más antigua de los EE.UU., y en el cual, curiosamente, sigue vigente la ‘ley seca’; sólo podíamos beber alcohol en un pequeño recinto del museo-destilería. Pero el ‘130’ –que escribe- se había dormido y, ¡sorpresa!, fue trasladado tres horas más tarde en limusina. Ventajas de ser golfo. En el trayecto y en dicha población es cuando descubrimos que la América profunda existe, lo que veis en las películas es fiel reflejo de aquella realidad. Paseo por las instalaciones, cata de los diferentes tipos de J.D., comida y cena (¿o desayuno y merienda?, por las horas), y siempre acompañados por música en directo, ora un grupo de veteranos interpretando música tradicional del sur de los States, ora una banda de bonjovitos que había viajado desde Suecia y que interpretó versiones del de Nueva Jersey y otras del rollo hardrockero angelino. El ‘Tío Jack’ sigue corriendo por nuestras venas y se hace imprescindible la visita al pueblo mismo de Lynchburg, parecía un parque temático ¡pero todo era real!

A pocos metros de la destilería, J. Daniel’s tiene montado un recinto de conciertos bien cuco, BBQ Hill, cuya construcción simula la de un antiguo granero yanqui, y allí vimos un gran show exclusivo para nosotros: Kaiser Chiefs. Los británicos nos hicieron vibrar de verdad con canciones pegadizas que nos animaban a mover el cuerpo desde la primera “Na na na na naa” (y nadie se durmió) hasta las que cerraron –“The angry mob” y “Oh my god”- pasando por otras tan conocidas como “Heat dies down” o “Ruby”. En directo te imprimen una buena marcha, lo dan todo y saben mover la pandereta y dar golpes de efecto como el paso del cantante Ricky del escenario a lo alto de una de las barras para seguir interpretando un tema; os lo asegura un hardrocker al que le tiran cosas más duras. De vuelta a Nashville, hay que seguir disfrutando de la música en vivo, de la juerga, y la calle Broadway y la Segunda Avenida son los sitios ideales, están plagadas de garitos con grupos actuando. Si viajáis allí, ahí van unas recomendaciones: Tootsie’s, The Stage, Paradise Park, Buck Wild y The Wild Horse (no confundir con Crazy Horse, que es otra cosa. Girls, girls, girls!) ¿He dicho ‘garitos’? Soy injusto. Por ejemplo, el que más nos gustó, el Tootsie’s, tiene dos escenarios en diferentes plantas y en cada uno de ellos estaban todas las noches actuando sendos grupos de versiones ¡a la vez! ¿Que en lugar de un tema de Bryan Adams, el de aquí se pone coñazo con uno de Elton John?, pues me cambio a la otra barra y disfruto de la otra formación, que está haciendo uno de Lynyrd Skynyrd. Un verdadero placer, un sueño para los que amamos la música en directo y no tanta mierda enlatada. ¡A ver cuándo aprendemos en este país!

Kaiser Chiefs, actuando en el BBQ Hill.

La agenda del sábado 14 nos demostró totalmente –si es que hacía falta- que Nashville es la ‘capital de la música’ por antonomasia. Visitamos el ‘Musicians hall of fame & museum’ donde vimos reliquias que utilizaron grandes músicos desde los años cuarenta hasta hoy, e hicimos un tour por las ‘calles de la música’ (Music Row, Music Square…) plagadas de casas discográficas, editoriales, estudios de grabación y radio, etc. para acabar en el ‘RCA Studio B’, que este año cumple cincuenta años de historia, es conocido como ‘la casa de los mil hits’ y que parió muchas de las joyas que grabaron Elvis Presley, Chet Atkins o Everly Brothers por nombrar sólo unos pocos. Esa misma mañana (tarde ya para los nativos) comenzábamos una ruta de conciertos que aconsejo vayáis enumerando.

Desde las 13 h., en la sala Fuel, llegó el momento de que las bandas ganadoras de cada país hiciesen un mini concierto de cinco temas. Los nuestros, los malagueños Cosa Mala, rompieron el hielo y desgranaron cuatro propios y una versión de Kiko Veneno con un público –nacional y guiri- entregado. Luego vino el turno de Stuck In The Sound (Francia, Indie-Rock), Raki (Turquía, Rock), Atari Terror (Rep. Checa, Punk-Rock) y Fratelli Calafuria (Italia, Rock-Punk). Queríamos comer la típica hamburguesa de carne-carne con sabor a barbacoa y, cómo no, un cantautor de Country con sus tonadillas acompañó nuestros bocados.

 

Cosa Mala, actuando en Fuel (Nashville). Foto: Roberto Rizzo

Un paseo por las tiendas del centro para gastar algún billete del ‘Chiquito yanqui’, muchas curiosidades que se harían largas de relatar, vuelta al hotel para ponernos guapos y a cenar al BB King’s Blues Club & Grill mientras otra banda de Soul y Blues de músicos negros, casi una big band con vientos y demás, nos dejaba noqueados con su buen hacer mientras hincábamos el diente a las alitas y otros manjares picantes propios de la tierra. La organización de Jack Daniel’s nos tiene preparado otro show en distinto recinto: The Mercy Lounge; esta vez de la mano del cuarteto neoyorquino The Rapture, que no me impresionó en absoluto, demasiado poppie para mi cultura rockera. La explicación podría hacerla comparando lo que nos ofreció Kaiser Chiefs el día anterior: Rock alternativo (y divertido, añado) con lo que nos daba The Rapture: Pop alternativo (y coñazo, agrego).

De modo que éste que escribe y el ‘131’ se escaparon a ver otras cosas que entran mucho mejor por los ojos y que nos demostraron de nuevo que lo que vemos en los videoclips y filmes es así, existe, se desliza por la barra y se puede vivir. La noche no tiene fin y todavía nos toca disfrutar con dos bandas más de versiones en el Tootsie’s (¿habéis contado los conciertos que he visto en una sola jornada?) antes del botellón ‘de origen’ que montamos en el hotel para sorpresa de empleados e invitados de otros países. Seguimos siendo únicos, como esta experiencia vivida gracias a la famosa marca de ‘Tennessee whiskey’ (ya he aprendido).

A partir de ahí, la jornada del domingo es más personal, menos musical y recordada por mis escasas neuronas, pero, sí, de vuelta en Barajas ya en lunes, la despedida del grupo viajero se produjo brindando. Para rematar, la sección de agradecimientos y peloteos: Gracias a Sandra ‘1’ y Sandra ‘2’, Inés y todo el equipo que representaba a Jack Daniel’s; a mis colegas de profesión (todos somos “los+mejores”), a los cachondos músicos de Cosa Mala, los agraciados con el viaje por la cara, las guapas que se hacían fotos, mis nuevos amigos (léase más en femenino que en masculino) italianos, alemanes, franceses y británicos –también me acuerdo de Gibraltar y los condones- y al maricón que me cacheó a base de bien en el aeropuerto de Nashville. A todos, besos y abrazos. ¡A gusto!

 

Parte del grupo de enviados ‘especiales’ desde España.

 

Cuatro de los consumidores españoles
de Jack Daniel’s que ganaron el viaje ‘por la patilla’
a las puertas del BBQ Hill antes de la actuación de Kaiser Chiefs.

 

Entrada a la destilería de Jack Daniel’s

 

La tienda oficial de productos
Jack Daniel’s en Lynchburg (Tennessee)

 

La América profunda existe.

 

Detalle del primer contrato de ‘management’ firmado
por Elvis Presley (si os fijáis, también firma su padre)
expuesto en el ‘Musicians Hall of Fame’.

 

Broadway Street con el Nashville Arena en primer término,
donde juega el equipo de hockey local, los Predators,
y también se celebran grandes conciertos.

 

El histórico estudio de la RCA

 

 

© Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Mayo 2007