HÉROES DEL SILENCIO

 

 

El próximo mes hará diez años que HÉROES DEL SILENCIO dijeron adiós. Motivo para que lleguen el 4 de septiembre las ediciones ‘especiales’ de sus dos primeros discos (“EL MAR NO CESA” y “SENDEROS DE TRAICIÓN”) con contenidos extras como los temas de su trabajo “En directo” (año 89) y los de “Senda 91”, redondo descatalogado.

 

Por David Esquitino

 

 

Estamos a punto de que se cumpla el 20º aniversario del nacimiento de Héroes del Silencio (y décimo de su separación) y es inevitable que surjan mil y un homenajes desde todos los ámbitos, tanto sinceros y desinteresados como con lúdica intención e intereses claramente marcados. Yo sólo puedo posicionarme desde el lado del fan que desea volver a ver, aunque sea una única vez más, a la mítica formación reunida encima de un escenario. Es cierto que todas las teorías sobre que Juan Valdivia no perdona a sus ex compañeros, que Enrique Bumbury hace tiempo que tiene la cabeza en otros mundos musicales o que quizás Pedro y Joaquín no sólo esgrimen razones nostálgicas para hacerlo, tienen su parte de razón y de validez, pero su historia y leyenda deberían tener más peso que todas las rencillas y conjeturas, más o menos irreales, del mundo.
Quizás veinte años no significan demasiado, tal vez sólo sea una cifra fetiche demasiado mitificada por cualquier amante del Rock, ¿quien sabe? Pero nos lo deben a los fans, se lo deben a ellos mismos y por supuesto también a toda esa generación española e incluso latinoamericana y europea que ha crecido al ritmo de sus mágicas canciones, de sus hipnotizantes melodías, de sus inimitables requiebros del lenguaje, de sus inevitables amores y odios generados, pero sobre todo de su increíble leyenda personal y musical.
Debía correr el año 89/90 cuando un servidor, entonces un moco gafotas con la personalidad poco formada, pelusilla bigotera incipiente y todavía interés por casi todos los estilos musicales sin hacer demasiada distinción entre clase, magia o mera estupidez, descubrió que la música no era algo que se oía sin más, que los músicos no eran simples artistas y que las letras de las canciones no sólo servían para tararear. Quizás pudiera haber sido cualquier otro disco pero el caso es que coincidió que la portada que me atrajo fue la de unos jóvenes mirando a la cámara sobre un acantilado y el mar bravo de fondo cuando de repente empezó a sonar… y esa tarde no pude moverme del sofá más que para darle la vuelta al vinilo y volver a escuchar “Mar adentro”, “Flor venenosa”, “No más lágrimas” o “Hace tiempo”.
También fue casualidad, o quizás ya no tanto, que fuera el primer disco propio que tuve en mis manos pero lo cierto es que me costó lo suyo ahorrar y comprarme en algún desaparecido Discoplay de mi antiguo barrio ese “Senderos de traición” que me hizo asegurarme para siempre de que “mi rollo era el Rock” (y eso que todavía no había descubierto a Barón Rojo). Además, fueron muchas las veces que tuve que defender a muerte a mi grupo en el instituto de pseudomodernillos de turno, aspirantes a makineros (entonces el Bakalao como tal todavía no existía), y sobre todo niñatos sin personalidad ni gusto alguno que sólo sabían esgrimir la burda excusa de que “imitan a los Doors” como inofensivo ataque. Estúpidos pijos que cantaban “Maldito duende” o “Entre dos tierras” a la vez que Vanilla Ice, MC Hammer o cualquier tonta canción del “Boom X” del momento no podían tener razón.
Seguí creciendo y descubriendo más y más música, muchos grupos, multitud de bandas, nacionales e internacionales, roqueros o heavies, nuevos y antiguos, pero mis Héroes siempre permanecieron ahí, inalterables a mis modas, gustos o evolución personal hacia terrenos inevitablemente más metálicos. Ya entonces también dejé de fijarme tanto en las típicas 'canciones conocidas'… No, las mías eran otras: “La mar no cesa”, “No más lágrimas”, “Hechizo”, “La carta”, “Con nombre de guerra”, “Flor venenosa”... Magia pura, poesía y ambrosía a la par melódica y poderosa hecha canción.
Caían los años, crecían los pelos, desaparecían las gafas, aparecían las chicas pero Héroes seguía estando ahí, al pie del cañón y más duro que nunca (sí, también había descubierto ya a Panzer y a Ñu). Ahora era “El espíritu del vino” y yo seguía en las discotecas de turno (ya mucho menos habituales para mí) pidiendo “Sangre hirviendo”, “Sirena varada”, “Bendecida II” o “Los placeres de la pobreza”… y esperando esa primera vez que siempre es especial para todo amante de la música que se precie. Por fin llegó en esa gira la pérdida de mi virgo en un concierto especial en un Palacio de los Deportes de Madrid hasta la bandera.
Magia, sueños, más cambios personales y evoluciones vitales pero Héroes siempre tenía hueco en mis viajes, ilusiones, momentos compartidos y experiencias. Esta vez la novedad era “Avalancha” y por primera vez dudé, porque el picotazo, el feeling y la impresión no eran los mismos de los años anteriores. Vale, la felicidad no era completa y se notaba bien que algo fallaba pero todavía se podía soñar dibujando en el aire y con los ojos cerrados la magia de “La chispa adecuada”, “Morir todavía” o “Deshacer el mundo”.
De repente el moco es un hombre con vida, trabajo, amor y algunos sueños cumplidos pero, pese a todos los cambios y momentos dejados atrás, Héroes sigue estando ahí aunque ellos mismos y muchos otros no lo sepan.
Son más de veinte años los que han pasado desde que unos jovencísimos Juan y Pedro Valdivia (no confundir con Pedro Andreu) y Enrique Ortiz de Landazuri (sí, Bunbury no es su apellido) decidieron que ellos serían héroes de leyenda para toda una generación. Pedro se quedó muy pronto en el camino y aparecieron Joaquín Cardiel y Pedro Andreu, incluso más tarde Alan Boguslawski. Ahora no encontramos en 2006 y se reeditan sus cuatro discos de estudio y, ¿por qué no?, todavía hay tiempo de soñar con la ansiada reunión en 2007 para conmemorar el vigésimo aniversario del nacimiento de la banda más grande e importante que ha dado este imperio de paletos. No lo sé, especular es gratis pero ahora tan solo dejadme estar un momento a solas, tan solo dejadme en paz, este intervalo de tiempo que siempre he estado perdiendo, quizás en este precioso momento pueda ser como tú: un soñador anónimo y amante a primera vista de Héroes del Silencio.


 

Bunbury cuando todavía no
había adoptado este apellido

 

EL HÉROE DE LEYENDA NUNCA MUERE

El héroe de leyenda nunca muere, al igual que el mar no cesa de rugir cuando la lluvia gris golpea fuerte mar adentro.
Hace tiempo que hundí mi rostro en la fuente de la esperanza y ya no puedo llorar más lágrimas para que aquellos olvidados que me cautivaron con su flor venenosa hace ya demasiados agostos regresen del fondo del estanque al observar la triste visión de nuestras almas directamente desde la isla de las iguanas, esa en la que vivimos a los 16 hasta que sale a la luz nuestro particular héroe de leyenda.
Ahora me encuentro entre dos tierras, dos mundos que un maldito duende me descubrió hace muchos años a través de una carta quizás con malas intenciones, aderezada con sal pero que me hizo seguir la senda de los hechizados, de los que conocen la oración correcta, de los que saben despertar antes de que la decadencia les consuma y sean sólo un nombre de guerra perdido en una esquina de un segundo cuadro anónimo o un burdo holograma de un pasado glorioso.
Nuestros nombres y nuestra historia son un tesoro pero a veces nos olvidamos de los placeres de la pobreza y agrandamos la herida mientras nadamos a la deriva como una sirena varada mientras la apariencia de repente no es sincera, la relegamos a ser como esa 'z' que da carpetazo a nuestro abecedario, culpable final de un camino de excesos, injusta flor de loto que acaba renaciendo en algún refugio interior y que nos hace hervir la sangre poniéndola a mil grados, derritiendo tumbas de sal y forjando leyendas bendecidas una y hasta otra vez en cualquier alacena de nuestro corazón.
El futuro se presenta a la deriva, girando en una rueda de la fortuna, a punto de deshacer de nuevo el mundo, de renacer con fuerza desde esa Iberia sumergida en la estupidez, en la avalancha de suciedad sonora y en brazos de la fiebre de ritmos latinos, pseudoroqueros y cantautores de turno o experimentos fusionadores de mediocridad, y esperando se vuelve a encender para siempre la chispa adecuada de esos días de borrasca, de esas vísperas de resplandores porque no es el momento de morir todavía, no es la hora de dejarse arrastrar por los cómodos efluvios del opio ni de permitir que tu gloriosa historia sea lavada una y otra vez con espuma de Venus por una discográfica hambrienta.
Yo sigo apostando por el Rock n´Roll, porque me inoculéis ese virus mágico siendo de nuevo la piedra más alta que corona orgullosa la torre de Babel a modo de medicina húmeda sonora que cure los males musicales que sufrimos los que, desde una primera vez y para siempre, nos sentimos héroes de leyenda… Particularmente siento por momentos la ausencia de ti, carente de todo y disidente de nada pero por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos y esta noche me espera el amor en tus labios. De cada mirada, por Dios, ardía el recuerdo en mi interior y nadar mar adentro y no querer salir. Hace tiempo que ya no te veo, quizás no te llamo porque no me atrevo, hace tiempo que ya no te veo, ¿habremos cambiado? ¿quizás a peor?...

www.heroesdelsilencio.es
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91.210.98.00

 

© Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Septiembre 2006