|
Llevas
mucho tiempo dando conciertos en todo tipo de locales. ¿Por qué
has tardado tanto en dar el paso y grabar el disco?
Desde 1990, aproximadamente, y hasta hace apenas un par de años
no había pensado en grabar un disco. Todos sabemos cómo
está el panorama, y no es de ahora. Soy una persona a la que nunca
le ha gustado ni mendigar ni ser ‘pesao’, y mucho menos ir
contando mi vida por ahí, de una discográfica a otra, intentando
vender un producto hablando de sus excelencias y de sus propiedades maravillosas
y curativas. En primer lugar porque yo no soy vendedor, y después
porque la música es algo más que un mero producto en forma
de cajita para ser colocado en las estanterías de cualquier establecimiento
comercial a la espera de ser vendido. De todos modos, se intentó;
visité algunas compañías y editoriales, pero no encontraba
el más mínimo interés y regresaba a mi taller de
ensayo, que es donde mejor puede estar un músico si no está
en el escenario. Como bien decís, no he parado en todo este tiempo
de hacer directos en muy variopintos locales. Y es ahí donde reside
el motivo fundamental por el que se graba el disco: el público.
La devoción, el cariño y el respeto que me llegan, noche
tras noche, actuación tras actuación, me permiten ver cómo,
poco a poco, muchas personas van aprendiendo mis canciones en esos directos,
y eso me lleva a la necesidad y a la obligación moral, con todas
y cada una de ellas, de grabar. Aprovecho la ocasión para remitirles
mi agradecimiento. Si hay algo de lo que pueda sentirme orgulloso es de
la calidad de mis amigos y la de mi público.
Te has involucrado en todo. Mezclas, diseño,
producción... ¿No ha sido demasiado trabajo?
Sí, pero también ha sido un verdadero placer. Como os decía
antes, un artista se debe a su público y yo me sentía en
deuda con mi gente. No podía simplemente grabar un disco -¡es
mi primer disco!-, ponerle mi voz y ya está. Necesitaba intentar
plasmar en él todo lo que me fuera posible de mí, entregarme
sin reservas, darme con toda sinceridad. En este disco está mi
espíritu, intangible, como la música, pero necesario. Por
otro lado, el mérito es más de mis amigos que mío:
Pachi Escolano, guitarra de Casablanca y amigo personal desde hace muchos
años, es el verdadero artífice de las mezclas; cierto es
que yo estuve junto a él haciendo escuchas y retoques, en su estudio,
durante todo el tiempo que duraron; Luis Rico, fotógrafo profesional,
voz, armónica y primer ‘caimán’ de los Caimanes,
es el autor de todas las fotos, no sólo de las del libreto y portadas
de este trabajo, sino de muchos otros reportajes; también es cierto
que yo siempre estaba allí con él, entre otras cosas, para
salir en la foto, ja, ja… y, ya en serio, para dirigir
el diseño que es lo que yo tenía claro. Monchill Alexandrov,
también viejo amigo, -junto a Katirina Dimitrova y José
Ubiria- ha sido el encargado de la realización del videoclip de
“El bar de Katy” que aparece como extra en el CD. Todos han
realizado un excelente trabajo. En este caso mi papel ha sido más
el de colaborador de cada uno de ellos. Pero el disco es una autoproducción
y yo me he encargado de todo. La responsabilidad, para bien y para mal,
es toda mía.
Suponemos que de ahí el título.
Un disco “muy personal”.
Efectivamente. En un principio no pensé en titularlo. Pero al tratarse
de una situación un tanto atípica, es decir, es mi primer
disco en solitario pero no mi primera grabación, y desde la intención
de acercarme más al público, decidí exponer mis objetos
personales en el diseño de la portada y del libreto como parte
de mi intimidad, junto a las historias que cuentan mis canciones. Todo
es algo que yo considero “muy personal”.

Foto:
Luis Rico
Ha colaborado mucha gente conocida. ¿Cómo
ha transcurrido la grabación en tan buena compañía?
De un modo excelente. En este punto tengo que citar, inevitablemente y
en primer lugar, a los músicos que forman la banda de Miguel Oñate,
a quienes se debe, en más medida de lo que parece a simple vista,
que este disco vea la luz: el genial Antonio Reyes, bajista de la vieja
guardia que viene de Los Diablos Rojos entre otras formaciones; Javier
Bermejo, guitarra acústica y eléctrica, indistintamente,
siempre elegante y preciso; y mi entrañable “Txemita”
Fernandes, rotundo y contundente, tanto en la batería como en la
percusión. Los temas se han llevado muy bien preparados al estudio,
lo que nos ha permitido echar algunas risas entre toma y toma. David Pérez,
gran profesional, aportó sus teclados con una pulcritud absoluta;
el ‘pekenike’ D. Juan Jiménez puso la magistral pincelada
de su clarinete en “Fenicio”, tema que, por otro lado, nos
ha sorprendido a todos muy positivamente una vez acabado; lo mismo que
ocurre con “Esa camarera” y la armónica del bueno de
Luis Rico. Y si poco se puede añadir de lo que ya sabemos sobre
la maestría de la guitarra de mi querido ‘topo’ Luis
Cruz, qué puedo yo decir de la presencia de las voces de José
Luis Jiménez y Lele Laina en casi la mitad del disco. Su intervención
es absolutamente genial, como no podía ser de otra forma, y al
enriquecer todas y cada una de las canciones en las que aparecen, también
han enriquecido el disco en su conjunto. Nos lo hemos pasado bien y nos
hemos reído mucho, tanto en la grabación del audio como
en la filmación del videoclip. Grabar con todos ellos ha sido fácil
y divertido. Se me ve feliz, ¿no?
Quizá nos lea algún despistado
que sólo recuerda tu etapa en Asfalto. ¿Qué le dirías
en general y sobre este CD?
Siempre he creído, y es cierto, que si un personaje público
del ámbito que sea desaparece del escaparate, de la escena, de
la carretera y de los medios de comunicación, aunque sea momentáneamente,
por dos o tres temporadas nada más, lo más fácil
que puede ocurrir es que se le olvide. Sin embargo, y no me preguntéis
por qué, me consta que no es mi caso y que hay un montón
de gente de toda España que no sólo me sigue recordando
de mi etapa en Asfalto, sino que sabe que no estoy desaparecido, que no
he dejado en ningún momento de estar en activo, que me conoce y
sabe que no estoy de acuerdo con todo el ‘descoloque’ que
existe dentro de la industria. No sé qué repercusión
habrán tenido las maquetas que he ido sacando a la luz en las distintas
actuaciones o el efecto que haya podido producir el boca a boca; tal vez
internet haya contribuido… No sé. Pero el cariño de
toda esa gente me llega y hace que me sienta afortunado. Y ese es uno
de los motivos fundamentales que me hace sentir en deuda y me lleva a
tomar la decisión de grabar. No hay despistados en el mundo del
Rock. Lo que pasa es que seguimos siendo minoría, y yo me alegro
de que así sea y lo celebro; y al mismo tiempo hay gente que no
es consciente de eso.
¿Y al chaval muy joven que todavía
no te conoce?
Que escuche el disco y me busque a mí dentro de él. Cuando
me haya encontrado, se encontrará también con todo el desencanto
que me produce este modelo de sociedad actual y que no es precisamente
por el que habíamos luchado algunos desde que tuvimos una edad
similar a la que pueda tener él en este momento. Pero, cuidado,
que no me interprete mal; que nadie perciba en mis palabras ni una pizca
de catástrofe ni de pesimismo. Muy al contrario: Es una reflexión
que me atrevo a decir en voz alta, de tú a tú, por si puede
contribuir a evitar que nadie sea engañado como lo fuimos nosotros.
Además, es una realidad. Y alguien tiene que decirlo.
No te vas a escapar de una pregunta clásica
de la revista. Coméntanos una anécdota graciosa que hayas
vivido recientemente en directos o durante la grabación.
Hay un mesón en el cruce de Hoyocasero (Ávila), llamado
“La venta del obispo”, al que solemos ir a trabajar al menos
una vez al año. Es un auténtico placer ir a actuar allí,
es como una fiesta privada. Se trata de algo muy simple: Se reúnen
un montón de matrimonios y amigos para cenar y ver nuestra actuación.
Nosotros llegamos por la tarde, bajamos los ‘muebles’, nos
pagan -por eso he dicho lo de ‘trabajar’-, montamos mientras
nos tomamos algo, probamos sonido, cenamos con todos ellos, tocamos y,
después de la actuación, nos vamos a tomar una copa. Hacemos
noche allí y, al día siguiente, nos volvemos a ‘los
madriles’ después del aperitivo. El repertorio que llevamos
incluye, en este tipo de actuación, muchas versiones. Hicimos el
clásico “Unchain my heart” en la velada de septiembre
de 2006, y para presentarla se me ocurrió contar -sobre la marcha,
porque yo nunca llevo guiones preparados- una especie de chiste que se
produce cuando un mozo del pueblo en primera fila le pide un tema al cantante
del grupo insistentemente: ¡”Anselma”!, ¡”Anselma”!...;
el cantante, después de mucho rato escuchando la demanda del mozo,
pero sin entender el título de la canción solicitada, se
inclina hacia él y le pregunta qué tema es “Anselma”,
a lo que el mozo, con ímpetu, le tararea: “¡An-sel-ma-jar!”,
emulando, en su lenguaje, la ‘intro’ “Un-chain-my-heart”.
La anécdota está en que este septiembre pasado nos contaban
que al primer ternerito hembra que había nacido, desde la última
vez que estuvimos, lo llamaron Anselma.
¿Algo que quieras añadir y
no te hayamos preguntado?
Me gustaría añadir que “Muy personal” es, según
los seguidores, un disco muy esperado. Es una autoproducción que,
hasta ahora, carece de promoción y de distribución; sólo
se puede adquirir en las tiendas, bares y establecimientos del listado
que aparece en la web o contra reembolso y en las actuaciones en directo.
Salió a la calle a mediados de agosto, y antes de Navidad llevaba
vendidas mil copias. En fin, todo un éxito para los tiempos que
corren. Y no me habéis preguntado qué voy a hacer en Nochevieja,
que es lo que yo suelo preguntar a todo el mundo entre abril y septiembre;
claro que la pregunta ahora está fuera de temporada.
Leeréis esto en enero, habremos disfrutado ya del show
que Oñate ofrecía el 21 de diciembre en Madrid y allí
esperamos descubrir su perverso plan de Nochevieja, el cual desvelaremos
en el próximo número.
|
|