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Antes
que nada, y aunque te lo hayan preguntado muchas veces, ¿cómo
surgió el nombre del grupo?
Surgió de una manera graciosa: Cuando vivía en Córdoba
con mi pareja, de cachondeo, le decía eso: “Eres una víbora
lagarta”. Así fue. Fue una promesa que le hice si montaba
un grupo. Parece una historia bonita, ¿verdad?
Tanto el título, “La potencia
de la inercia”, como la portada son algo desconcertantes a la par
que llamativos. Háblanos un poco de sus significados.
El significado de la portada es el de un corazón muy triste. Era
el mío cuando compuse este disco. Fue una época difícil
por lo bonita que parecía la historia anterior. Luego se jodió
porque tuvimos una nena, lo dejamos… y empezó a joderme con
eso, no ver a la niña.... Pero bueno, os estoy contando demasiadas
intimidades y ya eso forma parte del pasado. El título es todo
lo contrario: Habla de la perseverancia y de creer en uno mismo aunque
las cosas no vayan tan bien.
Desde vuestro anterior disco, el cambio en la formación ha sido
total; sólo permaneces tú como líder. ¿En
qué ha mejorado? ¿Se ha resentido en algo?
Bueno, ahora ha vuelto Ricky, el primer batería que tuvimos; pero,
vamos, la verdad es que no ha cambiado en lo que a la hora de trabajar
se refiere. Nunca tuvimos problemas serios en etapas anteriores, nada
más que gilipolleces, y lo tengo claro: todo el mundo es prescindible
en una banda si el que viene tiene huevos y ganas de trabajar.
Se trata de un trabajo muy personal y lleno
de matices, pero ¿a qué tipo de oyente se lo recomendarías
especialmente?
A todo tipo de oyentes relacionados con el buen Rock y el Mestizaje. Creo
que es un disco muy versátil y podría oírlo cualquiera
con buen gusto, je, je… Es que es así: es un disco
muy variado.

Teniendo estilos tan variados, ¿cuáles
de tus influencias marcarías especialmente? ¿Puedes nombrarnos
grupos que admiras?
La verdad es que escucho de todo, ya que, ante todo, soy guitarrista;
porque lo de cantar me vino de casualidad. Pero la música que más
me gusta es la española. Destacaría a Fito, Marea, ‘Extremo’,
Amparanoia, Manu Chao, ‘Muchachito’… Y de fuera a Joe
Satriani, Yngwie Malmsteen, muchos guitarristas del Blues americano…
Esta mezcla de estilos ¿surge o es
premeditada?
Os diría que mi música surge de manera espontánea
ya que, aunque diga grupos que oye todo el mundo, me gusta hacer algo
un poco más personal; de ahí la variedad de estilos. Pero
siempre con el objetivo de llegar a la gente, compartir mis movidas, etc.
ya que son cosas que nos podrían pasar a cualquiera de nosotros.
Es el estilo de La Víbora Lagarta.
¿A qué das más importancia:
letras o música?
Creo que van de manera paralela. Tienen la misma importancia ya que se
complementan. Sí es verdad que lo que más me cuesta es acabar
la puta letra, pero, una vez acabada, siempre pienso: “¡Joder,
qué pedazo letra!, parece un libro”. Pero es como sale. ¡Qué
se le va a hacer!

¿Nos puedes decir cuáles son
tus canciones favoritas del disco?
¡Qué cabrones! No, no podría hacer eso porque sería
como traicionar a las demás. Son como mis hijas, las quiero a todas
igual ya que están hechas completamente con el corazón.
Ya, pero alguna podrás nombrar…
por lo que sea.
Bueno, pues vamos a nombrar a la primera, “Desenamorá”,
y a la última, “Jardín”; pero que conste que
las quiero a todas igual, ¿eh? Elijo éstas por eso: por
ser la primera y última. (Risas).
Cuéntanos, para acabar, una anécdota
graciosa relacionada con el grupo.
Pues que me fui a grabar este disco sin un duro porque sabía que
al final encontraría a alguien que lo pagaría. Así
seguí, haciendo mi trabajo, hasta que lo encontré. Pero
antes me echaron del estudio y tuve que andar un par de meses buscando
6.000 euros por los bares de Ciudad Real. Al final lo encontré:
Un tal Israel Serna. Llamé al estudio, hicimos las paces, pagué
y acabamos la grabación.
¡A eso se le llama hacer música con cojones!
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