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Con
Jero presente, somos ocho los periodistas ‘elegidos’ para
escuchar el disco completo en primicia. Todos ponemos buenas caras en
un momento u otro o bien movemos los pies guiados por la magia de las
cuerdas. Ramiro sonríe, se le ve emocionado ante la primera obra
que lleva su nombre y apellido, y da todo tipo de explicaciones sobre
la marcha. Pero, acabada la escucha, nos quedamos solos, frente a frente,
y el entrevistador recuerda con cariño aquel autógrafo que
le pidió, siendo un adolescente, al que entonces era guitarrista
de Santa.
Siento
empezar así, Jero, pero mis lectores no me perdonarían si
en principio no te pido una breve explicación de por qué
dejaste Saratoga.
Fue una acumulación de cosas que, a mi modo de ver, no habían
desembocado en buen término, y todos teníamos parte de culpa
en ello. Llegó un momento delicado en el que nos planteamos que,
si continuábamos, tenía que ser de otra manera. Se había
acabado el contrato con la compañía de discos, había
que plantearse un montón de cosas, había que hablar y no
veía predisposición; había una especie de apatía
en la que yo también me incluyo. Un paso más adelante era
comprometerse a años de discos y la situación no iba a ser
sincera con el público ni con el grupo. En el fondo, todo el mundo
sabía lo que quería hacer: Uno quería continuar,
otro se quería marchar, yo quería descansar… Necesitaba
plantearme cosas. Era como cuando viene el camarero a servirte más
vino y pones la mano y dices “¡ya!”.
Necesitabas
descansar pero, en poco tiempo, ya tenemos disco tuyo en solitario. ¿Es
tan fuerte el gusanillo de la música?
Sí. Mi relación con la música siempre ha sido al
cien por cien, es mi vida; yo no sé hacer otra cosa. ¡Lo
llevo haciendo treinta años, tío! Pensaba tomarme un año
sabático, pero el tiempo no pasa en balde, ya tenemos unos meses,
je, je… Me relajé unos días, pero empecé
a escuchar cosas que tenía grabadas y, al final, me di cuenta de
que tenía un montón de material que se podía aprovechar.
Porque lo mismo que hacía canciones para Saratoga pensando que
las iba a cantar alguien, también las hacía para mí
pensando en que no habría cantante. Me di cuenta de que el ochenta
por ciento de un disco estaba compuesto.
O sea, que hay material antiguo tanto o
más que reciente.
Un ochenta por ciento, más o menos, como te digo. Nuevos del todo
son el que he dedicado a mi hija (“Marta”), “El
escarapión”, que es mi tatuaje: una mezcla de escarabajo
y escorpión; está muy presente en todo el CD. El más
antiguo, “Tíe”, tendrá unos cinco años.
Pero a la hora de volver a grabar todo, los sonidos se hacen más
homogéneos y una versión no tiene que ver con la otra. Además
esta música, instrumental, experimental, progresiva… llámala
como quieras, cuando es buena, es buena siempre. Escucho discos de Jethro
Tull, Steve Vai o Mike Oldfield que me siguen gustando y veo que están
tan de actualidad como si estuvieran hechos ahora.

¿Eres consciente del riesgo que supone
lanzar un disco instrumental? Sabes que es más complicado de vender…
Depende en qué caso. En el último de Satriani no canta –es
el primero que se me viene a la cabeza- y la gente lo compra. No sé,
es el primero que hago; en el segundo ya veré, ni siquiera sé
si lo habrá. Además, si metes un cantante para dos o tres
canciones, ¿luego qué haces en directo?, ¿lo llevas
sólo para ésas? ¡Qué aburrimiento para él!
Es una situación difícil, al margen de que lo que me apetecía
hacer era esto. Ten en cuenta que no he salido de un grupo con cantante
sino de ¡treinta años con grupos con cantante! O sea, que
no se trata de querer hacerlo todo o ir de protagonista. Lo otro ya lo
he hecho y quiero vivir una experiencia distinta. ¿Arriesgada?
Pues sí, mucho, tengo los pies en la tierra. Me encantaría
el año que viene hacer un segundo en solitario pero no quisiera
que fuera en estas condiciones, que he tenido que ocuparme de todo después
de ver las ofertas las compañías, de ver cómo está
el panorama, la piratería y todo eso. Llevo treinta años
en esto, he grabado discos que están entre los diez o veinte más
importantes de Rock de este país y ahora me encuentro que hago
el CD y estoy por ver si vendo doscientas copias el día de la presentación.
¡Será que no lo he hecho lo suficientemente bien! (Ríe).
No lloro, nadie me ha engañado y sé dónde me estoy
metiendo. Asumo que es instrumental pero ahora yo estoy empezando y me
la juego. Quizás me arruine. (Y esboza una sonrisa).
(Siempre que he entrevistado a Jero,
he agradecido su desnuda sinceridad y esta vez tampoco me falla).
Sorprenderá a algunos el hecho de que hayas grabado absolutamente
todo.
Unas veces ayudado por la tecnología informática, y otras
yo mismo, lo he hecho. El bajo lo he tocado porque sé y los teclados,
como no sé, los he hecho mediante una guitarra ‘MIDI’
que suena como un teclado. De la batería hay un ‘fifty-fifty’,
son secuencias que te brindan las posibilidades de hacerlo hoy en día.
El “Surfing with the alien” (Satriani) no está
grabado siquiera con secuencias, sino con una caja de ritmos, ¡y
más quisiera hacer él otro que le funcionara como ése!
Estamos en la edad de la tecnología y las cosas están ahí
para usarlas. Te tragas las introducciones de Rhapsody o la banda sonora
de “Piratas del Caribe” y resulta que están todas hechas
con máquinas. Tengo amigos que hacen unas barbaridades imitando
sonidos de chelos, arpas, violines y oboes, y suenan unas introducciones
que parecen orquestas y unos arreglos de cuerda igual; y nadie se plantea
si ese tío toca el arpa. Por otro lado, al tener las canciones
ya hechas, una trayectoria, me había acostumbrado a un tipo de
arreglo de batería, a un tipo de sonido… a una serie de cosas
que hacían que no quisiera llamar a un tío y me las descabalase.
También era cuestión de tiempo para buscar músicos,
etc. Defiendo mejor esto si soy responsable al cien por cien, aguantando
lo bueno y lo malo.
Has dicho mientras escuchábamos el
disco que incluso a veces prefieres dejar algunas partes con pequeños
fallos porque, entre ellos, puede haber algo genial, que te encanta y
que no sabes si podrás repetir.
Así es, y te puedo decir: “Mira, están aquí
y aquí”. Eso ocurre mucho. Cuando empiezas a trabajar, lo
haces con una maqueta y, cuando terminas el disco, no te acaba sonando
igual porque estabas acostumbrado al otro sonido, echas de menos la maqueta.
El disco es una segunda consecuencia, piensas que eso está muy
bien, que suena muy limpio…, pero el ‘feeling’ que tenía
aquella maqueta que grabaste en casa mientras llamaban al timbre…
¡Aquello sí que sonaba que te cagas!
Por otro lado, siempre he improvisado. De hecho, en “Tierra
de lobos” todos los solos son improvisados, hechos en el estudio.
En un disco siempre se improvisa, lo bueno no vuelve a salir y no lo puedes
repetir. En directo siempre me achacaban que no hacía iguales los
solos de los discos de Saratoga… (Ahora ríe). ¡Es
que, si no, me aburro; lo mismo que ayer y de anteayer…! Me gusta
captar el momento aunque me llamen ‘pesao’.

“Tenebrarium” contiene catorce
piezas. ¿Te parece bien que nos sumerjamos en ellas?
En general, si los comparo con temas de hace diez años, veo éstos
más míos, más con mi sentimiento, más personales.
Aquellos estaban más influenciados por otros guitarristas, ahora
soy yo realmente con la guitarra.
¿Y en particular?
“Marta” significa mucho para mí, es alegre, más
comercial que el resto y, como he dicho, está dedicado a mi hija.
“El eterno viajero” es la vida que he llevado. “Te echo
de menos” está dedicado a Simón. (Se refiere a
‘Bigsimon’, técnico de Saratoga durante mucho tiempo
y productor, fallecido muy joven como todos sabréis). “El
gordo de Minnesota” es un personaje muy peculiar de la película
“El buscavidas”, que me encanta. “Tíe”
es el nombre de mi lagartillo. “En el mar de la memoria” es
por mi padre, que era un fanático del cine, se veía tres
películas al día; tanto, que acabó de acomodador
y luego de representante de un cine de Vallecas. Por eso, de pequeño,
yo siempre iba al cine, echaran la ‘peli’ que echaran. Es
muy corta porque iba a ser la ‘intro’ de “Charlie se
fue”. “El Risco” es una montaña que hay en Las
Navas del Marqués, donde siempre he ido de vacaciones y de donde
tengo muy buenos recuerdos.
Antes de continuar, hay que aclarar
que Jero se inspiró en la lectura de “La sombra del viento”
(Carlos Ruiz Zafón) para el concepto general de la portada y el
libreto. Cada canción está representada por una foto salvada
del fuego. Sigue el guitarrista hablándonos de los temas:
La explicación de “El loco idealista” es que para hacer
un disco así, hay que estar ‘zumbao’. Para la foto
cogimos a Nacho, guitarrista de Beethoven R, y le hicimos volar con dos
alas de cartón; intentar volar con esto es como intentar sacar
un disco como éste. Para “Borrico de Troya” pensé
que actualmente los tíos no irían metidos en un caballo,
sería en un autobús; pero era muy obvio e hice una foto
a una locomotora y la hemos colocado en Cibeles con la gente subiéndose,
gente que tiene que ir a currar y que deja que la lleven donde sea. La
primera del disco, “Al otro lado del mundo”, iba a ser la
‘intro’ de “El clan de la lucha” de Saratoga,
luego se me hizo muy larga y, como me dolía sacrificarla, aquí
está.
El disco se pondrá a la venta
el lunes 21 de enero y…
Haremos una firma a las 18 h. en la tienda Tipo/ Rosa Negra de la calle
Montera de Madrid. Al comprar el disco ese día, te darán
una invitación para un concierto que daremos a continuación
en la sala La Boite, que está justo a la vuelta de la tienda, para
que no tengas que desplazarte a otro sitio.
¿Tienes cerradas más fechas?
Sí, el 23 de febrero estaremos en Murcia, el 1 de marzo será
la presentación oficial en Madrid –quizás en la sala
Copérnico- y luego iremos a Alicante, Zaragoza, Toledo, Burgos…
En la web pondremos los días exactos.
Pues llegó el momento de que nos
descubras quiénes son los componentes de tu banda de directo.
Antes, decir que he estado probando con mucha gente y les quiero mandar
un saludo a todos. Estuve probando con Bernardo, batería de Santa,
al que hacía mucho tiempo que no veía, pero no hay compatibilidad
de horarios por desgracia; con Tony Ferrer al bajo un día antes
de que se lo llevara Barón Rojo, ¡la madre que los parió,
je, je…! Pero estoy muy contento con la banda que tengo:
Luisma Hernández de Arwen al bajo, Chus Maestro a la batería,
de Liquid Sun, Hybrid…, y a la otra guitarra y también con
las teclas: Ricardo Moreno, ex Knell Oddyssey, que ha estado a mi lado
coproduciendo, es mi ‘webmaster’, se ha encargado de todo
el ‘artwork’ del CD… Sin él no podría
hacer nada.
¿Estás ilusionado?, ¿crees
que funcionarán disco y gira?
Esperemos que sí. He notado la aceptación de los pocos que
lo habéis escuchado, todo el mundo pone cara de que le gusta. Sé
que hay un publico mío, de Ñu con cuarenta y tantos, de
Santa con treinta y tantos, y de Saratoga con veintitantos. Y quiero pensar
que, con el tiempo, será un disco de fondo de catálogo.
Me preocupa la piratería, de ahí que el libreto esté
cuidado y haya detalles que puedes ir descubriendo cada día. Que
lo compren, joder, va a salir baratito y es algo para toda la vida; he
puesto mi corazón en ello. Quisiera que la gente lo escuche antes
de juzgar. Hay un poquito de todos los sitios donde he estado, que a la
vez es un todo de mí mismo. Y si no, pues que vayan a los conciertos,
disfrutaremos y lo daremos todo.
Por último, ¿quién
prefieres que te haga la crítica de este disco: el plumilla que
más sabe de guitarra y técnica de nuestra redacción
y va a analizar cada movimiento de tus dedos, o el que prefiere salir
de un concierto y escribir sobre sensaciones y si ha saltado mucho (entre
los que me incluyo), olvidando que se te ha roto una cuerda o que a la
izquierda se escuchaba mejor que a la derecha?
Prefiero que la hagas tú; no el técnico, porque no me va
a enseñar nada, sé lo que he hecho. No me digas “yo
hubiera hecho esto o lo hubiera hecho así”. No, esto es algo
que es mío y lo he querido hacer así. Sólo juzga
lo que hay.
¡Joder,
más trabajo para el mes que viene!
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